El pantalón dentro de la bota

Aún hoy luego de muchos años recuerdo la sonrisa de aquella muchacha.

Era una carcajada contenida que destellaba en su mirada, era eso, Sonia como decía llamarse según el carnet que la identificaba como empleada de aquel banco no sonreía con sus boca sino con sus ojos.

Jamás consideré que fuera una mujer coqueta, pero si algo te dejan los años es la experiencia, y esta trae consigo ese vital conocimiento de saber cuándo puedes conquistar a una mujer y cuando no, y yo a Sonia, a pesar de todo podía conquistarla.

Hubo tantas mujeres con las cuales funcionó el plan que no podía evitar tener demasiada confianza en mí mismo, y quizá esa era la única parte del plan que necesitaba funcionar para lograr mi cometido.

Primero la invitaría a cenar con la advertencia que tendría que dejarla en su casa antes de salir huyendo a cumplir un compromiso de trabajo ineludible, pero tal era mi afán de no dejar pasar los días sin cenar con ella que haría campo en mi agenda para lograr nuestro encuentro.

La segunda cita iríamos a beber y entonces vendrían, las caricias, los besos, caminar de la mano hasta el auto y el aroma de su piel impregnado a mi sudor, mientras en una danza salvaje nos perdiéramos en el presente que es lo único que debe importar durante el sexo.

Repasé uno a uno los olores que emanaba de su cuerpo, las risas honestas a mis chistes no tan graciosos y el brillo de sus ojos mientras me abrazaba al verme, entonces por primera vez en mi vida la historia evolucionó en mi cabeza como una idea inconexa dentro de un párrafo que por lo demás está bien escrito.

Empezó la cotidianidad y las citas incumplidas, las excusas falsas para no volvernos a ver y la tristeza de alejarnos se convirtió en un alivio mutuo.

La imaginé salir de mi casa con el pantalón dentro de la bota y en un acto más de desinterés que de fría mezquindad, dejé que se fuese así, sin sombrilla, mientras afuera una fuerte llovizna le ratificaba la idea que hubiera sido mejor jamás haberme conocido.

Fue ese día en el banco mientras ella me recibía sonriente el dinero de una consignación sin importancia, que tuve el mayor acto de amor que no tuve jamás por ninguna otra mujer, la deje ir para jamás entrar en su vida y darle una enseñanza que no debía aprender.

 

A

 

 

Written by Arturo Torres Moreno